La ciudad imaginaria IV
Sigo recorriendo las calles de la ciudad imaginaria, en la unión de personajes, que se han ido entremezclando, pese a ser tan diferentes, con mi pluma sigo llenando espacio en este cuaderno ajado y con sus hojas arrugadas.
Busco la literatura, la poesía, ese sitio dedicado a los amantes de todas las expresiones, en esta ciudad que nos ha enseñado sobre el Jazz, el periodismo que se ejerce con amor por su profesión como Iván Tubau, ese periodista cultural, residente en Nueva Orleans, que nos dejo conocer sus entrevistas, que más que entrevistas eran canciones de vida, también pudimos estar cerca de un monje Zen, que nos relato parte de su vida,
Deseo entrar en la poesía, con ese poeta que sueña despierto entre la bruma y el rumor, entre el silencio y el grito; sosteniéndose en el mundo libre de los ritmos y las imágenes, convergiendo y llenando a su acomodo interior. La oquedad del silencio adquiere verso tras verso fuerza cósmica, voluntad misteriosa que funda la existencia. Pero cuando irrumpe retornándonos a lo esencial de la Palabra desacomoda la vigilia y la razón, porque el silencio más que saber-hacer, saber-decir, es saber-estar fuera de la duración y del espacio.
La vida nocturna no se cierra al fin de semana. Cualquier día puedes encontrar gente hasta altas horas de la madrugada en locales de todas las tendencias y estilos: bares, discotecas, salas de fiestas, pubs y clubes de jazz acogen a diario a un público heterogéneo, ávido de nuevas sensaciones y dispuesto a pasárselo bien. Una de los aspectos que más sorprenden al visitante es la forma de salir de las gentes, caracterizada por su constante movimiento, en busca de la eterna novedad.
Busco al poeta, ese poeta que gusta del jazz, por que nunca se tuvo más razón cuando se dijo todas las artes tienden a la música; en el sentido de alcanzar su propia meta.
Entre los acordes de jazz y hip hop, fluyó la poesía en el teatro cultural de la ciudad del Saxofón, esa ciudad imaginaria sonde estamos viviendo. Es día se rencontró con su pasado por medio de la música y la poesía. En el arranque del ciclo Poesía en Voz Alta, en el que actuaron el joven hip hopero mexicano Tiosha Bojórquez y el poeta estadunidense Quincy Troupe, acompañado por el Cuarteto de Luri Molina.
Ante un sala repleta (unos 170 asistentes, con gente sentada hasta en cojines y parada en los pasillos), Tiosha Bojórquez abrió la noche acompañado del diyéi Aztek. El hip hopero mexicano rapeó, por ejemplo, acerca de la vida en esta Chilangolandia de la que somos "reos", del amor/desamor ("busco un amor gigante/ pero me encuentro con puro enano") y de las drogas (un soneto al crack).
Le siguió algo que hoy en pocos espacios se presencia en la ciudad una actuación de poesía acompañada de jazz.
Quincy Troupe (1939, Saint Louis Missouri), reconocido intérprete de poesía, elegante hombre de origen cherokee-afroamericano, con largas y delgadas trenzas afro, vestido de negro, realizó una espléndida actuación de su poesía en inglés (los asistentes recibieron un cuadernillo con la letra de los poemas en inglés y español). Pero, aunque no se comprendieran las palabras, varios asistentes coincidieron en que el ritmo, la entonación, hacía que simplemente escuchar la voz fuese hermoso.
Troupe, amante del jazz (fue amigo y biógrafo de Miles Davis), hilvanaba los versos con las interpretaciones de el Cuarteto de Luri Molina, y algunos de los presentes inclusive bailaban en sus asientos (Margaret, la esposa de Troupe, era de las más entusiastas).
A diferencia de los recitales estilo académico, si bien los presentes estaban absortos, el ambiente no era solemne; había inclusive cierta interacción entre el público y los que estaban en el escenario.
Para algunos de los asistentes mayores de 40 años, la actuación de esa noche desenterró recuerdos. Sobre todo es el caso del gran poeta Homero Aridjis. Y es que el vivió los primeros años en la ciudad del Saxofón, cuando se hacían recitales de este estilo (justo lo que el ciclo actual pretende retomar). Con nostalgia, Aridjis recuerda que "en esta misma sala se hacía 'Jazz-Palabra'", dirigido por (Juan José) Gurrola. "Fue como un vértigo en el tiempo". "Tenía esta misma animación", cuenta el poeta.
Así, por lo menos esa noche, logró lo que buscaba al realizar este ciclo: "Retomar la tradición oral de la poesía en voz alta desde una perspectiva contemporánea". Esa noche mostró, dice Aridjis, "que la poesía está viva".
Para ello buscamos a Paz Diez Taboada
Los sonidos oscuros
que llenaban la noche
serpenteaban sobre los cristales.
Los hielos resolvían
un problema geométrico,
disolviéndose en llanto.
El saxo se alargaba,
inundando los sueños,
en un sordo lamento vacilante.
Se aguzaba la aguja
de la herida trompeta,
ahincándose en la carne.
Y seguía, seguía,
obsesionado y lento,
el contrabajo.
La sonrisa eran dientes
grandes y desasidos,
brillando en la tiniebla.
La ciudad del saxofón queda atrás, con sus esquinas de bohemios, sus bares siempre abiertos, la música que siempre se oye, el jazz, la poesía; es la ciudad que nunca duerme.
Fue una experiencia inolvidable, conocer el jazz, su origen y sus intérpretes, lograr el acceso a los archivos de un periodista que nos dejo conocer la vida de los interpretes del jazz por medio de sus entrevistas, y sus revistas tan celosamente guardadas, llegar al monasterio de los monjes Zen y vivir experiencias propias de uno de ellos, sentir la poesía y la música unidos en el jazz, ¿Qué falta para cerrar este gran relato?
Deambulo por las calles de la ciudad imaginaria, no se que busco, solo sé que me falta algo, para poder cumplir con la meta que me impuse, mis ojos se fijan en un afiche de invitación a una exposición, un artista de vanguardia, de los años 50 y 60 y Una exposición retrospectiva sobre la extensa carrera de Louise Bourgeois, considerada una de las artistas contemporáneas más importantes del mundo, llega desde de mañana a las galerías del museo de la ciudad del Saxofón.
Esta exposición, recoge 200 obras, esculturas, pinturas, dibujos, grabados, de 1940 a 2007, insistiendo en los diez últimos años de creación de esta artista de 96 años que continúa renovando su lenguaje artístico.
El interés crece, se trata de una muestra que recorre todos los aspectos creativos de la nonagenaria autora francesa, con 150 obras que comprenden pinturas, trabajos en papel, madera y cristal, murales hechos con objetos recogidos de la calle y esculturas de distintos materiales, como mármol, metal, plástico y látex.
Pero... ¿Quién es Louise Bourgeois, indago de inmediato, nacida en París en 1911, desde muy pequeña Bourgeois ayudó a sus padres en el negocio de restauración de tapices que poseían e inició sus estudios artísticos en la capital francesa con artistas de la talla del pintor Fernand Léger antes de emigrar a Nueva York en 1938, después de casarse con el historiador de arte estadounidense Robert Goldwater.
Desde la Gran Manzana ha permanecido a la vanguardia de las artes visuales durante siete décadas, configurando una singular visión creativa en la que se aprecian toques del surrealismo, expresionismo, postminimalismo y el arte abstracto.
Como expresión de las emociones surgidas de sus vivencias personales, en su producción artística destacan las figuras humanas deformadas y los conceptos abstractos, que en sus comienzos profesionales se plasmaron en cuadros para derivar con los años en esculturas en las que Bourgeois explotaba las posibilidades de materiales maleables como el látex, la resina y la escayola.
Siguiendo la estructura en espiral que caracteriza al museo neoyorquino, el espectador pasa por las diferentes obras, dispuestas en orden cronológico, entre las que destacan una escultura en forma de araña gigante (2003) y otra que representa una escena de canibalismo, La Destrucción del Padre (1974).
La parte final del recorrido está dedicada a las famosas Celdas que la artista comenzó a crear en la década de los noventa: obras en forma de pequeñas habitaciones cercadas en las que se colocan tanto objetos de Bourgeois como cosas recogidas de la calle.
Para completar la muestra retrospectiva, se ha organizado una exposición de fotografías y diarios de los archivos privados de la artista, que reflejan su historia personal desde su infancia en la Francia del periodo en entreguerras hasta su actual día a día en Nueva York, y que podrán verse 12 de marzo.
RESENTIDA SOLITARIA Y GENIAL.
Esta viejita auténticamente subversiva -fabricante de grandes arañas a las que llama Mamá o de penes erectos de medio metro a los que bautiza Fillette (chiquilla o muchachita) -, que tuvo su gran retrospectiva en el MoMA de Nueva York recién a los 70 pirulos, nunca se quejó de no ser reconocida. En verdad, desde que se fue a vivir a los Estados Unidos en 1938, al casarse con el historiador de arte Robert Goldwater, Louise Bourgeois hizo todo lo contraindicado para alcanzar la fama: trabajó a solas, no trató de tener prensa, se mantuvo al margen de modas, escuelas, corrientes.
Por supuesto que en esas décadas -los ‘40, los ‘50, los ‘60, los ‘70-, hubo gente conocedora de su arte personalísimo y a menudo polémico, y también galeristas interesados en exponer sus trabajos, sobre todo desde que hizo su primera muestra, Painting by Louise Bourgeois, en la Bertha Schaffer Gallery, en Nueva York (1945). Por ese entonces, ya había comenzado con la serie de las Femmes Maison (1940-1947), dibujos en tinta china y óleo sobre lienzo de mujeres con tronco de casas (o de casas con miembros femeninos). Ya en los ‘40, pues, Bourgeois veía la identidad femenina cargando con el lastre del hogar, sin rasgos completamente propios, la cabeza de la mujer metida en el edificio.
En 1979, a los 68, cuando ya se había consolidado su extraordinaria obra como escultora y se estaban multiplicando las exposiciones, escribía Louise B. en sus Apuntes o "pensamientos de birome": "Tengo un gran complejo de culpabilidad a la hora de promover mi obra, tanto es así que cada vez que he estado a punto de abrir una muestra, me daba algún tipo de ataque. De modo que en un momento decidí no intentarlo más. Tenía la sensación de que la escena artística pertenecía a los hombres y de que yo estaba, en cierto sentido, invadiendo sus dominios. Por eso, hacía las obras y las escondía. Aunque nunca destruí ninguna, he guardado cada pieza. Hoy estoy haciendo un esfuerzo por cambiar".
Las creaciones "más violentas" de la retrospectiva hay que situarlas en la década de los 60, con órganos vitales que expresan las emociones fuertes de la artista. Más recientes son las "celdas", como denomina a las grandes jaulas que albergan los recuerdos del hogar natal de la artista. Las Red rooms, que reproducen el dormitorio de sus padres, muestran el miedo o el dolor sufrido en el interior hogareño en el que el espectador no puede penetrar, sino sólo divisar de lejos. De esa época son los dibujos y grabados de estilo abstracto en los que Bourgeois plasma su exploración de la familia y relaciones de promiscuidad.
Algunas obras de esta artista.
La araña gigantesca de la Tate Gallery de Londres
Why Have You Run so Far Away?, 1999
Fillette". 1968
Algunas de las piezas más llamativas de la obra reciente de Louise Bourgeois son las series de bustos de tela, de los que cinco pueden verse en esta exposición. Cosidos con una crudeza que contradicen lo sofisticado de su estructura, guardan sin embargo un inquietante parecido con la realidad: bocas abiertas que parecen exhalar y ojos que miran directamente al espectador o deliberadamente al vacío. El enfrentamiento con estas obras puede ser complicado, dificultad que aumenta su propio mutismo y el resistente cristal que las encierra.
Nature's Study, 2005
The destruction of the father, 1974
obra en la que en el que unió piezas de carne, miembros de animales en escayola (yeso) blanda, luego dio la vuelta al molde y lo realizó en látex. "el objetivo de la destrucción del padre -apunta la artista- era exorcizar el miedo" a lo que continúa esclareciendo.
.Dejo esta artista de la vanguardia, sus obras y su vida. regreso a la universidad, para seguir adelante con este curso virtual, Arte y música en América.
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